viernes, 20 de mayo de 2011

      
A veces me hace mucha gracia lo compleja que puede llegar a ser esta vida...



   Dientes, dientes, que es lo que les jode.
    

miércoles, 11 de mayo de 2011

Brindemos por...


Imperio de estrellas.
Derroche de palabras.
Explosión inconcebible.
Desajustada melodía.
Surco profundo al corazón.
Incomprensión magnificada.
Desordenada lujuria.
Amarillo disecado.
Rutina enloquecida
y profundo
sueño
del
que
no
puedo
despertar.
 

jueves, 28 de abril de 2011

aire para VIVIR

Un grano de arroz, un sí porque sí, un no porque no. Amanecemos en París, la ciudad del amor y del odio sosegado. Anochecemos en la cima del mundo, un mundo azul y verde, o gris... o negro.

Y cogemos las maletas vacías porque no nos hace falta nada más que aire. Aire para volar, para vivir.

Caminamos sin rumbo fijo porque nos gustan los caminos que se pierden a lo lejos, sin dirección, sin rumbo. No sé. A veces es mejor no saber hacia donde vas...
Pero luego volvemos hacia atrás. Cambiamos de opinión y cogemos otro camino porque nos gusta poder cambiar las cosas cuando queramos, cuando decidamos. Así. En un abrir y cerrar de ojos.

¿No crees que a veces hay en el mundo demasiado amor, demasiada perfección? Tan estructurada, tan inútil...

Ansia.
  
Y ponemos el tope aquí, no quiero andar más.
Aquí nos quedaremos sin importar lo que digan. Porque estamos de paso, porque somos efímeros. 
Y ahora ya da igual lo que hablen porque sabemos que llegará un momento en que todo esto acabe, porque sabemos que llegará un momento en que todo esto dejará de existir, junto a los que hablaron, junto a tí, junto a mí.

Ahora me apetece cantar fuerte, dormir unas horas, desafinar las notas de una melodía perfectamente exquisita. Me apetece romper cristales y andar sobre ellos. Y me apetece decir cosas como estoy haciendo ahora mismo, enumerando y escribiendo para sentirme mejor, para dejar a un lado la cabeza y al otro el corazón.

Supongo que es esto lo que nos ha tocado vivir, aunque a veces me gustaría poder cambiar de vida cuando quisiera. Ser tú, ser él, ser ella.
Pero no te preocupes, me gusta mi vida, no estoy del todo amargado ni voy llorando por las esquinas. Creo que aun sigo siendo demasiado fuerte para esas cosas. Será que pienso demasiado. Demasiado.

Al final mas vale conformarse con lo que hay. Conformarse pensando que el cielo es azul porque sí, que la Luna y el Sol son inalcanzables, que las flores se marchitan cada invierno, que el mundo se va a la mierda, que pasamos de todo porque nos encanta vivir la vida, la diversión... Y seguimos haciendo daño. Como el daño que hacen los que discriminan, los que no toleran, los que obligan, los que deciden por otros, los que matan y los que causan dolor al fin y al cabo.

Creo que somos incompatibles, que siempre tendremos dificultades para entendernos. Nos han hecho así. Nunca sabremos quién o qué, pero tengo claro que no será ese dios bañado en oro y seda con ganas de imponer una moral a la gente.

Aun así no hagas caso de esto, aun soy demasiado joven, inmaduro, incompetente... Quizás ni siquiera sepa de lo que estoy hablando, puede que no conozca el mundo, ni el amor, ni los sentimientos reales. Puede que aun siga siendo la pieza que no encaja en el puzzle incompleto. Puede que aun siga siendo un sí a medias, una batalla sin final, un corazón sin mitad.
  
 
Pero no hagas caso, quizás esté desvariando.
     

miércoles, 27 de abril de 2011

         
    
-¿Por qué duran tan poco las flores? Mira que las había puesto en agua y todo.

-Ya... Yo creo que es porque son demasiado bonitas.

-¿Y qué tiene eso que ver?

-Pues que creo que algo bonito dura lo mismo que una flor. Seis o siete días y mucho que es.
                      

domingo, 17 de abril de 2011

CIENTOS DE MILLONES DE MILES

Cientos de millones de millones de miles de personas en este mundo.
Cientos de millones de millones de miles de distintas personalidades, distintos pensamientos, distintas acciones.
Cientos de millones de millones de miles de formas de ser, de estrellas.
Cientos de millones de millones de miles de corazones...
           
                     

Y a veces, ya sea por una cosa o por otra nos basta y nos sobra con tan solo unos pocos de todos esos cientos de millones de millones de miles. Tan solo con unos pocos.
      
Y aunque alguna gente piense lo contrario, creo que esto no tiene por qué ser algo malo, raro o perjudicial.
       
Al final resulta que esos pocos consiguen sacarte cientos de millones de millones de miles de sonrisas, cientos de millones de millones de miles de días felices, de días inolvidables. Esos pocos consiguen hacerte olvidar los problemas y las dificultades una y otra vez, cientos de millones de millones de miles de veces. Esos pocos siempre te acompañan en cada uno de los cientos de millones de millones de miles de caminos que escoges. Esos pocos consiguen hacerte volar cientos de millones de millones de miles de centímetros, metros y kilómetros. Y nos tendemos la mano, y soñamos, y saltamos al vacío, y peleamos, y lloramos, y bailamos y cantamos, y vivimos.
       

Día tras día. Unas ciento de millones de millones de miles de veces.
          
     

miércoles, 13 de abril de 2011


Como burbujas de gas.
   
   
Empiezan a subir desde lo más profundo del vaso hasta llegar a lo más alto... donde vuelan, se esfuman,
d e s a p a r e c e n.

    

TENGO MIEDO

Tengo miedo a los barrancos.
Tengo miedo a la resaca del mar.
Tengo miedo a los gatos y a las arañas grandes.
Me aterroriza hablar en público, ser el centro de atención.
Me aterroriza el vacío.
Tengo miedo a estar solo. A las peleas.
Tengo miedo a no encontrar a nadie.
Tengo miedo al amor.
Me asusta el futuro, el pasado.
Me asustan las guerras, el cambio climático.
Me asusta la gente inconsciente.
Tengo miedo a lo que puedan pensar de mi.
Tengo miedo a la soledad.
Me aterroriza la rapidez con la que pasa el tiempo.
Me da miedo mostrarme tal y como soy.
Tengo miedo a un no por respuesta.

                  

sábado, 2 de abril de 2011

My Second Red New York

                                                                                 
                                         
Rojo, rojo intenso. Todo perfecto, todo encajaba a la perfección. Ellos, Nueva York... ellos. Ella, rojo intenso, rojo pasión.

«Las cosas no siempre salen como uno quiere. Ese fue mi único consuelo durante mucho tiempo».
       
                
Casi un año había pasado ya desde aquel día... ese día que consiguió arrebatarle un trocito de vida.
Ella había estado a punto de dejar Nueva York. Toda la ciudad le hacía recordar a esa persona, a esa persona que desde hacía casi un año no veía pero que, a pesar de todo, sentía tan cerca como si del primer día en que la conoció se tratase.
             
Pero ella se quedó allí. Se quedó porque quería ser fuerte, mirar de frente al miedo y seguir hacia adelante como ya le habían enseñado tiempo atrás.
       
Sin lugar a dudas estos se convirtieron en los meses más duros de su vida.
No sabía por qué, pero desde aquel día empezó a odiar el rojo, el rojo intenso, el rojo pasión.
Odiaba la Quinta Avenida, odiaba las nueve y cuarto. Las odiaba porque nunca se habían ido de su cabeza, día tras día, noche tras noche, junto con el cielo ennegrecido, azul y sombrío y gris, junto con los rascacielos de la ciudad, la carcajada, la maldita ciudad de las ilusiones...

                           «El amor de mi vida me abandonó.
                                                                       Y yo me abandoné».

Así son las cosas. Aunque... las cosas no tienen por qué ser siempre así, las cosas cambian. Las cosas siempre tienen un final. Las cosas que no nos dijimos, las cosas que nunca olvido, las cosas que siempre guardo, todas tienen un final.
 
Y es que esperó, esperó, esperó y desesperó... Y entonces decidió cambiar el rumbo de su vida.

Se fue a vivir a la Quinta Avenida, se compró el vestido más rojo que había visto nunca. Sintió pasión por la vida, por su vida. Consiguió encontrar a toda la gente, derramó todas las lágrimas que pudo para que nunca más volvieran a brotar. Y dibujó cientos de estrellas en el cielo negro de Nueva York. Y sonrió para iluminar al mundo entero. Y encontró un final alternativo, un final alternativo extremadamente feliz. Bailó bajo los rascacielos para olvidar, conservó el rojo pasión y gritó al universo entero que si uno se lo propone, con el corazón roto, las alas partidas y el alma arañada, se puede gritar.


¿Y por qué?

           
Nueva York y ellos...lo saben.

          

domingo, 27 de marzo de 2011

Mejor fuera que dentro.

Hace mucho tiempo las ventanas no tenían cristal. No tenían cristal porque nunca a nadie se le había ocurrido algo similar.
Entonces era distinto. En lugar de cristal la gente usaba madera para cerrar las ventanas y cuando hacía viento, frío o estaba lloviendo no quedaba más remedio que cerrarlas. Cerrábamos la ventana y nos perdíamos todo lo que estaba pasando fuera, porque sencillamente, no podíamos ver el exterior a no ser que saliésemos por la puerta a observar.
Pero entonces un día a alguien se le ocurrió cambiar la madera por el cristal. Colocó un cristal fino y transparente en su lugar y algo cambió. Resultaba entonces que cada vez que hacía mal tiempo, cada vez que llovía o nevaba tan solo teníamos que cerrar la hoja de cristal. Mucho más cómodo, mucho más sencillo. Podíamos observar tras el cristal todo el exterior desde nuestra propia habitación, sin riesgo alguno de coger frío o mojarnos.
Ya no salíamos a la calle, porque total, ¿para que mojarnos o pasar frío pudiendo ver todo el panorama sentado frente a la ventana?
Fue entonces cuando la gente empezó a odiar los días grises, cuando empezaron a odiar la lluvia. Todos se limitaron a esperar en sus casas a que dejara de llover. De vez en cuando miraban por el cristal a ver si había escampado. Pero nunca se mojaban. Nunca se mojaron.
           

La conclusión que me gustaría sacar de todo esto es que creo que hoy día se nos han facilitado demasiadas cosas.
Que muchas veces nos acostumbramos demasiado rápido a lo bueno, a lo más cómodo.
Que no terminamos de enfrentarnos a los problemas porque preferimos ver la situación desde una perspectiva más segura, tras el cristal. Y vamos olvidando, poco a poco, que actuar es la mejor solución.
       
Con esto tan solo quiero decir que no se realmente el motivo, pero creo que es mucho mejor abrir la ventana, sentir el viento en tu cara, salir fuera para que la lluvia pueda mojarte. Y no importa si está oscuro o hace frío porque como lleva ocurriendo durante millones de años, después de la tormenta siempre sale el sol, y eso es lo importante, que el sol salga para secarte después.



Y porque no hay nada mejor en esta vida que
 sentir como las cosas suceden en tu propia piel.
    
   
           

jueves, 24 de marzo de 2011

Jump inside your love

                    

Hay momentos en la vida en los que solo
 podemos elegir una cosa: hacerlo o no hacerlo.


Me agarro a un clavo ardiendo, a cualquier rayo de luz por muy leve que sea. Me lanzo al vacío sin paracaídas, sin razón, sin reflexión, sin cordura.

Supongo que estas cosas pasan por algo. Bueno, realmente se porque esta pasando esto. Lo necesito tanto... y cada vez más, mucho más.
Soy consciente de que cada vez se van cerrando más puertas, que cada vez se van agotando más opciones. Agotándose como el tiempo, un tiempo realmente agotador.

Lo mejor sería no seguir ninguna regla, ningún orden. Sin prisas, sin presiones, sin dificultades. Pero no puedo. Y créeme que lo he intentado.

A medida que va pasando el tiempo voy convenciéndome de que solo queda un camino, un camino que no termina de convencerme pero que quiero que me convenza.

Supongo que seguirlo sería lo mejor, porque sabemos que la perfección no existe. Y podríamos estar esperando hasta no se sabe cuando a que llegara el momento perfecto, pero nadie nos garantiza que algo así acabe ocurriendo, y siendo realistas, por desgracia o por fortuna no podremos tener todo el tiempo del mundo.

Por eso he decidido cerrar un poco los ojos, dejar de contar estrellas por un tiempo, dejar de pensar en esto porque al fin y al cabo nunca llegaremos a saber cómo... ni cuándo.

                               

domingo, 20 de marzo de 2011

Cordura, tequila... y carretera.

                       
Escuchaste. Escuchaste el silencio. Sentiste como el miedo y la tristeza se apoderaban de tu cuerpo, de tu vida.
Luchaste a pleno sol contra cualquier cosa que se interpuso en tu camino, contra el dolor, contra la realidad.

Gritaste.

Sacaste fuerzas de donde no las había y seguiste adelante. No te importó el frío, ni el calor. No te importo la estupidez humana, ni siquiera la gran ignorancia del mundo.

Olvidaste.

Disfrutaste de la vida todo lo que pudiste, porque sabías que en algún momento llegaría ese día, ese momento, tú momento...¿recuerdas?
             
               
Aguantaste, esperaste, creíste ...
                       
                            
Y entonces llegó Ahora.

Ahora algo ha cambiado. Te has dado cuenta de que el momento esperado no tenía porque ser el momento esperado. Te has dado cuenta de que el amor no tenía porque ser tan grande, de que la historia no tenía porque ser tan bonita, ni el castillo tan grande, ni el tiempo tan corto. Te has dado cuenta de que empezarás a ser feliz cuando decidas ser feliz.
                                               
                                     
A h o r a.
                              
                          
Ahora escucha como llueve, escúchate.

Cierra los ojos y siente como el agua choca contra tu cara.


Estás sonriendo...
                                                Has llegado.
        

  

viernes, 4 de marzo de 2011

Los riesgos de viajar en avión.

No se por qué pero siempre que me subo a un avión, se me pasa por la cabeza preguntarme que pasaría si algo saliera mal durante el vuelo, si algo fallara. Me parece que a más de uno le pasa y es que sin duda creo que tener un accidente de avión es algo bastante jodido.
Evidentemente, cuando subes a un avión asumes muchos riesgos. Como por ejemplo el riesgo a morir, por qué no.

Pero los riesgos de los que quiero hablarte no son de este tipo.


Siete de la tarde. Estoy sentado al lado de la ventanilla del avión mirando a través del cristal, aun no hemos despegado.
Hace un día realmente malo. Nubes grises, mucho frío, ni un misero rayo de sol.
El ambiente dentro del avión está muy cargado. Azafatas yendo y viniendo rápidamente por el pasillo, niños pequeños gritando, risas inoportunas, mezcla de idiomas, maletas a presión, asientos incómodos y para rematar un calor que axfisia. -Es lo que tienen las compañías de bajo coste- recuerdas.

Afortunadamente, en pocos minutos se encienden los motores, escuchamos un «abróchense los cinturones por favor», el avión empieza a correr por la pista y en cuestión de segundos... las nubes han desaparecido.
Vuelves a mirar por la ventanilla y lo que ves ahora es un sol radiante, un sol que se había escondido o un sol al que simplemente no habían dejado salir.

Mp3, ventanilla y atardecer desde un avión quizás no sea buena combinación. Pero te hace pensar, mucho.

Tonos rojizos, anaranjados, rosa fuerte.

Comienzas a evadirte de la realidad. Ya no escuchas gritos de niños pequeños, no hay azafatas estresadas, no hace tanto calor y los asientos no parecen tan incómodos ahora.
Lo que se ve desde mi ventanilla es un paisaje bastante peculiar. Abajo todo está cubierto de nubes, nubes grises y blancas sobre las que el sol poco a poco se va escondiendo, muy lentamente, coloreando de atardecer el cielo entero.


   
Entonces piensas.
                
Piensas en lo insignificantes que somos todas las personas. Piensas en que somos pequeños, minúsculos cuerpos en este mundo tan inmenso.
Pierden sentido entonces todos nuestros problemas, todas nuestras ideas y cosas que hemos hecho. Dan igual los años, las fiestas, las metas, las ilusiones, los regalos, el dinero. Da igual todo porque desde aquí arriba no te sientes importante. No eres importante.

Reconoces que tu mundo se basa en tu casa, tu pequeña ciudad, tu familia y amigos, pero realmente... ¿qué es eso?. Se trata tan solo de algo que ocupa una pequeñísima parte del mundo, de un mundo gigantesco. Se trata de una parte tan tan pequeña que consigue perder casi todo su sentido.

Resulta que ahí abajo está nuestro mundo tan escrupulosamente fijado. Ahí abajo hemos construido nuestro propio mundo, nuestros propios problemas y soluciones. Ahí abajo luchamos por algo que no existe, lloramos y sufrimos por cosas que, visto desde aquí arriba, resultan de lo más ridículo. Nunca nos hemos dado cuenta.

De repente suena una voz: «Abróchense los cinturones, en breve llegaremos a tierra».

De mala gana vuelvo a la realidad. Vuelven los gritos de niños, el calor axfisiante, las azafatas estresadas y no se por qué pero creo que este asiento es más incómodo todavía.

«El aterrizaje ha sido todo un éxito. Gracias por volar con nosotros».

Y entonces vuelves a pisar la tierra, vuelves a mezclarte entre la gente, sentir la angustia, los problemas, vuelves a vivir tu vida, vuelves a esa minúscula parte del mundo que en cierto modo te hace feliz.

Y puede que sea la presión del aire, o quizás sean las luces del atardecer, pero cuando se está ahí arriba viendo el mundo desde otra perspectiva, corremos un gran riesgo, el riesgo que supone conocer la verdadera realidad.

 Y creo que es un riesgo que se debe correr.
    
       

sábado, 26 de febrero de 2011


                            ¿Mi destino?
                                         




  será el que yo quiera.

                                                será el que tú quieras.